• 6 papas blancas, medianas
  • 2 huevos
  • 500 g de queso añejo desmenuzado (o de otro similar)
  • Sal
  • 1/2 taza de harina
  • 1/4 de taza de aceite

1. Ponga a cocer las papas, sin pelar, en una cacerola con agua suficiente para que queden cubiertas. Tape la cacerola y deje cocer las papas 1/2 hora, o hasta que estén bien cocidas, lo que podrá comprobar si al clavarles un cuchillo delgado éste llega fácilmente hasta el centro de la papa.

2. Saque las papas del agua y pélelas cuando todavía estén muy calientes. (Para poder pelarlas tan calientes como se requiere, sujete la papa con un trapo doblado y pélela con un cuchillito que no tenga demasiado filo).

3. Eche las papas en un tazón a medida que las vaya pelando, y aplástelas con el machacador de frijoles, hasta reducirlas a una pasta.

4. Agrégueles entonces los huevos, el queso y la sal. Revuelva perfectamente la mezcla, póngase en la manos un poco de harina, tome un poco de la mezcla y forme con ella una tortita de un dedo y medio de grueso.

5. Ponga a calentar el aceite en un sartén y fría las tortitas, primero por un lado, hasta que se doren, y luego por el otro. Póngalas en un platón y sobre papel absorbente.