• 6 calabacitas de buen tamaño, muy frescas
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 3/4 de barrita de mantequilla

1. Lave rápidamente las calabacitas con agua fría, séquelas, córteles las puntas ya que estas no se usan, y corte el resto en cubitos de 1.5 cm de lado. Ponga en una cacerola 1/2 taza de agua, eche en ella las calabacitas y la sal. Tape la cacerola y deje que las calabacitas se cuezan a fuego muy bajo, hasta que estén tiernas pero no deshechas. Añádales entonces la mantequilla, deje que esta se derrita y revuélvala con las calabacitas con cuidado de no romperlas. Pase las calabacitas a un platón hondo.